Historia
22 de ago de 2026

La cadena perpetua de Evergrande pone a prueba el modelo inmobiliario de China

La cadena perpetua de Hui Ka Yan cierra un capítulo del colapso de Evergrande, pero el caso también revela cómo el crecimiento impulsado por la deuda, los fallos regulatorios y la débil demanda desestabilizaron el sector inmobiliario de China.

La cadena perpetua impuesta al fundador de Evergrande, Hui Ka Yan, se presenta como un castigo por un espectacular fraude corporativo, pero la cuestión de fondo es si China está procesando a un solo ejecutivo mientras deja en gran medida intacto el sistema que permitió su ascenso.

La versión más estrecha del relato enfatiza la acción del tribunal contra el fundador del atribulado promotor, subrayando la severidad de la sentencia y la determinación del Estado de imponer responsabilidad. La versión más amplia sitúa a Hui en el centro de una ruptura económica mucho mayor: el exmilmillonario se declaró culpable de ocho delitos, incluidos fraude en la recaudación de fondos, uso indebido de fondos y soborno, mientras que Evergrande y su rama inmobiliaria recibieron multas de varios miles de millones de yuanes.

Ese contraste importa. La conducta de Hui no se describió simplemente como enriquecimiento personal. El tribunal de Shenzhen afirmó que utilizó "fraude financiero sostenido y a gran escala para inflar activos y ocultar pasivos" y que había "perturbado gravemente el orden de la economía de mercado socialista". Más de 50 personas vinculadas a Evergrande también fueron condenadas, lo que sugiere un esfuerzo más amplio por asignar culpas en toda la red de la empresa.

Sin embargo, el caso también pone de manifiesto los límites de un relato puramente punitivo. Evergrande acumuló aproximadamente 300.000 millones de dólares en pasivos mientras los promotores dependían del endeudamiento para impulsar su expansión. Cuando Pekín introdujo límites a la deuda en 2020, el sector inmobiliario —durante mucho tiempo responsable de aproximadamente entre una cuarta parte y un tercio del PIB de China— entró en crisis. La construcción se paralizó, los proveedores quedaron sin cobrar y la demanda se debilitó aún más durante la pandemia.

La acusación cumple, por tanto, dos propósitos: demuestra el control del Estado y ofrece un villano claro por el colapso inmobiliario. Pero no borra las decisiones de política que hicieron que el crecimiento impulsado por la deuda fuera tan central, ni los fallos regulatorios que permitieron que se acumularan riesgos. Hui llegó a atribuir al Partido Comunista "todo lo que Evergrande y yo tenemos". Su sentencia puede cerrar el caso contra él; no puede, por sí sola, zanjar el caso contra el modelo.