Historia
26 de ago de 2026

El ‘Día D económico’ de Trump pone a Irán —y a China— bajo presión

Washington está intensificando su campaña contra Irán, pasando de la confrontación militar a la coerción económica global, pero las amenazas de Teherán y el papel central de China en el comercio iraní podrían hacer que la estrategia sea más difícil de aplicar de lo que su retórica sugiere.

Washington está redefiniendo su estancada confrontación con Irán como una ofensiva económica, amenazando no solo a Teherán sino a cualquier país que ayude a mantener en funcionamiento su economía. La estrategia promete máxima presión, pero corre el riesgo de convertir la crisis de Irán en una confrontación más amplia con China y otros socios comerciales.

El secretario del Tesoro Scott Bessent ha calificado la campaña como un “Día D económico”, presentando las sanciones secundarias como la siguiente fase decisiva tras meses de presión militar. La administración afirma que ha apuntado a casi 60 empresas, individuos y buques vinculados a las redes petrolera, nuclear, de misiles y cibernética de Irán, al tiempo que advierte que “nadie está fuera del alcance de las sanciones estadounidenses”.

El argumento conservador es que el aislamiento económico puede terminar lo que la acción militar comenzó. Bessent afirma que Washington pretende “cortar las líneas de vida económicas de Irán” e imponer consecuencias a los países que las sostienen. En este marco, las sanciones no son meramente punitivas; son una campaña para forzar a Teherán a una rendición estratégica.

La visión liberal y crítica es más escéptica. Estados Unidos aún no ha logrado sus objetivos militares o diplomáticos declarados, y las sanciones propuestas siguen siendo en parte una amenaza más que una política aplicada. Un análisis describió la medida como un intento de lograr mediante la “estrangulación económica lo que la fuerza militar no ha conseguido hasta ahora”, al tiempo que advertía que es poco probable que las sanciones produzcan un acuerdo rápido favorable a Washington.

China es la prueba central. Pekín es el mayor socio comercial de Irán y rechaza la presión como solución, argumentando que la disputa debe manejarse mediante la diplomacia. Sin embargo, Bessent afirma que las entidades chinas que ayuden a convertir el petróleo iraní “en dinero, en represión” serán objeto de sanciones. Teherán, por su parte, ha amenazado con represalias por tierra, mar, aire o mediante operaciones cibernéticas.

El resultado es una campaña cuyo lenguaje sugiere un desenlace definitivo pero cuyas consecuencias siguen siendo inciertas: Washington busca la capitulación, mientras que Irán y China parecen dispuestos a poner a prueba hasta dónde está dispuesto a llegar Estados Unidos.

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