Historia
5 de sep de 2026
Un El Niño superdimensionado pone a prueba si los Gobiernos pueden adelantarse al riesgo climático
La ONU prevé que un El Niño inusualmente potente intensifique el calor, la sequía y las inundaciones hasta principios de 2027, dejando al descubierto los crecientes costos del cambio climático y los límites de la preparación actual.
Un poderoso El Niño está cobrando fuerza en un mundo ya sobrecalentado, convirtiendo un ciclo climático conocido en una prueba de la capacidad de los Gobiernos para proteger el suministro de alimentos, las economías y las comunidades vulnerables. La tensión central ya no es si llegará la perturbación, sino si la acción estará a la altura de la velocidad de la amenaza.
Las Naciones Unidas afirman que el fenómeno probablemente se intensificará hasta convertirse en un episodio “muy fuerte” y persistirá hasta principios de 2027. Las temperaturas oceánicas en el Pacífico tropical ya han aumentado más de 2C por encima del promedio, mientras que las aguas subsuperficiales se han medido a más de 8C por encima de lo normal. La OMM afirma que los riesgos resultantes incluyen calor extremo, sequía e inundaciones en regiones con niveles de exposición marcadamente diferentes.1
La cobertura centrada en el clima presenta el pronóstico como una escalada alarmante de una crisis ya existente. António Guterres describió El Niño como algo que se está “agigantando ante nuestros ojos” y advirtió que “el mundo se encuentra en la zona de peligro de los fenómenos meteorológicos extremos”.1 Esa interpretación vincula el ciclo natural con el calentamiento causado por el ser humano: un El Niño más fuerte añadiría calor a una atmósfera ya elevada por las emisiones de combustibles fósiles, lo que podría convertir 2027 en el año más caluroso jamás registrado.2
La lectura económica también es global, aunque más específica por sectores. Se espera que Asia-Pacífico y América Latina afronten impactos meteorológicos inmediatos, mientras que los mercados de materias primas de todo el mundo podrían verse presionados por cosechas más débiles de arroz, maíz, azúcar, café y cacao. Los sistemas energéticos también podrían verse sometidos a presión debido a efectos impredecibles sobre la energía hidroeléctrica, la generación eólica y solar y la producción de combustibles.3
Las distintas perspectivas coinciden en la magnitud del peligro, pero difieren en el énfasis. La ONU destaca la coordinación de emergencias y las alertas tempranas; los analistas climáticos subrayan la rápida reducción de las emisiones y la resiliencia; la cobertura centrada en los mercados pone de relieve las cadenas de suministro y la energía. En conjunto, sugieren que El Niño no es un fenómeno natural aislado, sino un multiplicador de las vulnerabilidades políticas y económicas que los Gobiernos aún no han resuelto.