Historia
18 de sep de 2026
El hermano de Diana reabre una herida de la realeza y el palacio de Buckingham responde
El relato de Charles Spencer sobre los supuestos comentarios del rey Carlos acerca de Diana ha reavivado las preguntas sobre la manera en que la familia real gestionó su muerte. El palacio de Buckingham afirma que el dolor pudo haber distorsionado los recuerdos de Spencer, mientras la cobertura presenta la disputa como una nueva prueba para la monarquía.
Casi tres décadas después de la muerte de la princesa Diana, una disputa sobre lo que se dijo durante los caóticos días previos a su funeral está reabriendo una de las heridas más persistentes de la monarquía. En el centro se encuentra el choque entre el recuerdo personal de un hermano y la negación institucional del palacio de Buckingham.
Charles Spencer afirma que se opuso a que los príncipes Guillermo y Enrique caminaran detrás del féretro de su madre. En su próximo libro, sostiene que el entonces príncipe Carlos desestimó la preocupación preguntando si la familia de Spencer entendía su deber, y luego añadió: «Tranquilo, pronto la olvidaremos».1 Spencer afirma que escribió el libro para presentar «la verdadera historia de Diana», retratando al futuro rey como despectivo hacia su exesposa.
El palacio no ha calificado directamente a Spencer de deshonesto. En cambio, ofreció una refutación cuidadosamente redactada, afirmando que el rey es consciente de que «el dolor del duelo fraternal puede nublar la razón, afectar el juicio y teñir la memoria».1 Esa respuesta no confirma ni refuta por completo el supuesto intercambio; desplaza la disputa hacia la fiabilidad de la memoria y los efectos del duelo.
Las versiones contrapuestas reflejan dos tipos distintos de autoridad. Spencer habla como hermano de Diana y testigo directo de la agitación familiar, mientras el palacio responde mediante un lenguaje oficial diseñado para contener el daño reputacional. Un relato de corte conservador presenta de manera similar el episodio como que el palacio de Buckingham «contraataca» las afirmaciones del libro de Spencer, haciendo hincapié en la respuesta de la institución más que en las propias acusaciones.2
El momento hace que la disputa sea especialmente delicada. La muerte de Diana produjo una efusión pública sin precedentes y dejó al descubierto la dificultad de la familia real para responder al duelo nacional. La comentarista de la realeza Roya Nikkhah afirmó que el episodio podría ser apenas el comienzo de una controversia serializada, advirtiendo que el palacio podría verse obligado a adoptar un «modo reactivo» a medida que surgieran más afirmaciones.1 Se acepte o se descarte el recuerdo de Spencer, el episodio demuestra que Diana sigue siendo menos un capítulo cerrado que una prueba recurrente de la credibilidad de la monarquía.