Historia
22 de sep de 2026
El aluvión de drones sobre Moscú convierte las elecciones rusas en una batalla por la guerra y la credibilidad
Los ataques de Ucrania contra Moscú y la infraestructura energética rusa expusieron narrativas enfrentadas: los funcionarios los calificaron de sabotaje electoral, mientras que los críticos los presentaron como prueba de una escalada bélica y de vulnerabilidad política.
El mayor ataque con drones contra Moscú del que se tiene constancia por parte de Ucrania coincidió con el último día de las elecciones parlamentarias rusas, convirtiendo una votación diseñada para demostrar unidad en tiempos de guerra en una contienda por imponer la narrativa que prevalecería.
Moscú presentó el ataque como un intento de perturbar las elecciones. El alcalde, Sergei Sobyanin, declaró: «El mayor ataque de drones enemigos ha sido repelido», y añadió que había sido «claramente planificado con el objetivo de interrumpir las elecciones».1 No obstante, los ataques causaron la muerte de varias personas en la región de Moscú y dañaron una instalación de la refinería de petróleo de la capital, según las autoridades electorales y funcionarios rusos.1
El mensaje general del Kremlin era que el asalto había fracasado políticamente. Los resultados preliminares mostraron a Rusia Unida claramente por delante, con el 57,5 % de los votos de las listas partidarias, lo que reforzó el dominio parlamentario del partido gobernante pese a los ataques.2 Sin embargo, esa interpretación se basa en unas elecciones en las que la mayoría de los candidatos contrarios a la guerra fueron excluidos y en las que la disidencia conlleva graves riesgos legales. El líder del partido liberal Yábloko, Nikolai Rybakov, anuló su papeleta con el lema «Por la paz», un rechazo pequeño pero contundente del consenso oficial.1
Los comentarios conservadores hicieron hincapié en una consecuencia diferente: la escala y el momento de la campaña. Un informe describió a Ucrania lanzando «más de 1.000 drones» el último día de las elecciones y advirtió que el temor a una nueva movilización rusa podría alarmar a Europa y poner a prueba las defensas de la OTAN.3 Una versión abiertamente partidista acusó a Kiev de incumplir una supuesta promesa de detener los ataques contra objetivos energéticos rusos, argumentando que los ataques contra refinerías podrían elevar los precios mundiales de los combustibles y perjudicar políticamente a Donald Trump.4
Los relatos coinciden en la importancia estratégica del ataque, pero divergen radicalmente en su significado. Para Moscú, fue un sabotaje electoral fallido; para los partidarios de la campaña de Kiev, fue una forma de presionar la infraestructura bélica rusa. La pregunta sin resolver es si el aluvión se limitó a reforzar la narrativa de seguridad del Kremlin o si hizo imposible ignorar la escalada.