Historia
29 de sep de 2026

La dimisión de Vučić convierte una maniobra constitucional en un referéndum sobre su gobierno

Aleksandar Vučić deja la presidencia de Serbia para liderar su partido en unas elecciones parlamentarias anticipadas, pero la maniobra ha intensificado las acusaciones de que está utilizando el cambio constitucional para conservar el poder en medio de protestas masivas.

La dimisión de Aleksandar Vučić es formalmente una maniobra constitucional, pero las elecciones parlamentarias anticipadas de Serbia la han convertido en una prueba mucho más amplia: si la figura política dominante del país puede conservar el poder sin ocupar la presidencia.

El encuadre conservador es relativamente sencillo: Vučić ha dado un paso al lado para presentarse como primer ministro en unas elecciones anticipadas, buscando un cargo ejecutivo más poderoso mientras cumple la prohibición constitucional de ejercer un tercer mandato presidencial. La interpretación liberal ve la misma maniobra como un intento calculado de preservar su dominio político tras 12 años como primer ministro o presidente. El propio Vučić anunció: «Renuncio al cargo de presidente de la república», pero el momento ha hecho que la dimisión sea inseparable de la campaña.

Las elecciones se celebran después de casi dos años de protestas lideradas por estudiantes y grupos juveniles. Su movimiento comenzó después de que se derrumbara la marquesina de una estación ferroviaria en Novi Sad en noviembre de 2024, causando la muerte de 16 personas, y se amplió hasta convertirse en un desafío a la corrupción, la captura institucional y los 14 años de control del poder ejercido por el gobernante Partido Progresista Serbio. La lista respaldada por los estudiantes se presenta como un movimiento por la rendición de cuentas; el bando de Vučić retrata a la oposición y a los medios críticos como amenazas respaldadas por fuerzas extranjeras no especificadas.

Ese contraste define las elecciones. Los partidarios del presidente pueden señalar su popularidad continuada, su experiencia de gobierno y sus muy visibles visitas de campaña, en las que ha promocionado nuevas carreteras, ayudas económicas y medicamentos más baratos. Los críticos sostienen que esa misma maquinaria de campaña difumina la línea entre los recursos del Estado y la ventaja partidista. La independiente Oficina Serbia de Investigación Social se ha quejado de que Vučić utilizó una institución pública para promover a su partido, una acusación que él rechaza, mientras los organismos anticorrupción aún no han respondido.

Ana Brnabić, una estrecha aliada, ejercerá como presidenta interina. Sin embargo, la cuestión de fondo no es quién ocupa temporalmente el cargo. Es si unas elecciones celebradas bajo una intensa asimetría mediática, institucional y política pueden transferir realmente el poder —o simplemente otorgar a Vučić un nuevo título.