Historia
30 de sep de 2026

La disputa por la igualdad en la Torre Eiffel obliga a dimitir a su director tras fracasar la adaptación religiosa

Una investigación interna determinó que las empleadas de la Torre Eiffel fueron apartadas durante la visita de una delegación hindú, lo que provocó una huelga y la dimisión del director del monumento. La disputa enfrenta la adaptación religiosa al estricto principio de igualdad de Francia.

La dimisión del director de la Torre Eiffel, Patrick Branco Ruivo, ha convertido una decisión logística en una prueba nacional sobre si la adaptación religiosa puede coexistir con la insistencia de Francia en la igualdad de trato.

Sete, la empresa que gestiona el monumento, anunció que Ruivo dejaría el cargo a finales de año tras una investigación sobre la visita de septiembre del movimiento hindú BAPS. Los investigadores hallaron «una serie de problemas y deficiencias» que provocaron la exclusión del personal femenino, creando «una situación inaceptable».

La perspectiva del personal es inequívoca: las empleadas afirmaron que fueron retiradas de sus puestos, sustituidas por hombres e instruidas para evitar algunas partes de la torre mientras la delegación estuviera presente. Condenaron unas políticas que dejaron a las trabajadoras «apartadas, sustituidas e invisibilizadas por razón de su sexo». Su huelga de un día obligó a cerrar la Torre Eiffel, convirtiendo un fallo de gestión interna en una confrontación pública sobre la igualdad en el lugar de trabajo.

BAPS ofreció una justificación diferente y afirmó que la solicitud respondía a los votos de los monjes de mayor rango, incluido su líder espiritual de 93 años, cuya práctica religiosa prohíbe el contacto con mujeres. Posteriormente, el grupo se disculpó por «cualquier dolor o inconveniente causado», mientras que el Ayuntamiento de París pidió disculpas por no defender el principio republicano de igualdad de Francia.

El relato conservador llega a la misma conclusión inmediata que el informe liberal —Ruivo dimite después de que las mujeres fueran excluidas—, pero su enfoque es notablemente más escueto, pues presenta el episodio principalmente como una consecuencia institucional y no como una confrontación más amplia sobre el laicismo y la discriminación.

Ese contraste importa. BAPS consideró la restricción un requisito religioso; la dirección la aceptó; el personal la vio como una discriminación por razón de sexo. La conclusión de la investigación sugiere que, cualesquiera que fueran las creencias de la delegación, la responsabilidad de proteger la igualdad de trato dentro del símbolo público más reconocible de Francia recaía en Sete.