Historia
15 de oct de 2026
Joni Mitchell se convierte en ciudadana estadounidense tras décadas criticando la política del país
La icónica música nacida en Canadá ha completado un proceso de 62 años para obtener la ciudadanía estadounidense, adquiriendo el derecho al voto mientras conserva su nacionalidad canadiense y mantiene su identidad política franca.
La nueva ciudadanía estadounidense de Joni Mitchell cierra un viaje personal de seis décadas y abre un nuevo capítulo político para una artista que a menudo ha criticado al país al que ahora se incorpora formalmente.
Mitchell, de 82 años, anunció que había completado el proceso de naturalización después de mudarse a Estados Unidos en la década de 1960. «Un viaje que comenzó hace 62 años», escribió junto a imágenes de la ceremonia.1 Conservará su ciudadanía canadiense, de acuerdo con las normas de doble nacionalidad de ambos países.1
El paso es tanto práctico como simbólico. Mitchell ha vivido, trabajado y desarrollado su carrera durante mucho tiempo en Estados Unidos, desde las escenas de música folk de Nueva York y Los Ángeles hasta la comunidad de Laurel Canyon que ayudó a definir su legado musical. Sin embargo, como ciudadana canadiense, no podía votar en las elecciones que gobernaban el país donde pasó la mayor parte de su vida adulta.
Esa frustración se hizo explícita durante una actuación en 2024, cuando Mitchell instó a los estadounidenses a votar y dijo: «Ojalá pudiera votar... Soy canadiense. Soy una de esas inmigrantes de pacotilla».2 Su ciudadanía ahora le otorga esa voz política, pero no indica un repliegue de sus críticas al liderazgo estadounidense. Ha atacado al presidente Donald Trump durante sus actuaciones y ha contrastado el clima político estadounidense con el de Canadá bajo el primer ministro Mark Carney.1
Las dos crónicas destacan significados diferentes. El informe conservador pone en primer plano los enfrentamientos de Mitchell con Trump y la política migratoria, mientras que el relato liberal presenta la ciudadanía como la culminación de su integración artística y personal en la vida estadounidense. Ambos, sin embargo, describen a una inmigrante de larga trayectoria que se convirtió en una figura central de la cultura estadounidense sin cortar sus lazos con su identidad canadiense. Por tanto, su naturalización es menos un rechazo de un país que un reconocimiento formal de su pertenencia a ambos.