Historia
27 de oct de 2026

La revuelta estudiantil de Serbia derroca a Vučić, pero gobernar podría resultar más difícil

Un movimiento estudiantil sin líder ha puesto fin a los 14 años de dominio político de Aleksandar Vučić, pero su victoria afronta ahora la prueba más difícil: gobernar, reformar las instituciones y hacer frente a la presión en política exterior.

Las elecciones de Serbia han provocado un terremoto político: un movimiento liderado por estudiantes derrotó al partido gobernante de Aleksandar Vučić después de 14 años en el poder, pero la fuerza que unió a los votantes contra él podría tener dificultades para gobernar como una administración coherente.

El resultado fue celebrado como un avance democrático. Los simpatizantes salieron en masa a las calles de Belgrado y Novi Sad después de que Vučić reconociera la derrota, mientras la Lista Estudiantil afirmó que había obtenido, según las proyecciones, el 53 % de los votos y 141 escaños en el Parlamento de 250 miembros. Observadores liberales describieron el resultado como producto de un «movimiento sin líder basado en el autogobierno colectivo y la educación política», más que de un partido de oposición convencional.

Esa distinción también constituye la principal debilidad del movimiento. La Lista Estudiantil evitó deliberadamente tener un único líder y reunió a académicos, profesionales, agricultores y activistas de corrientes ideológicas enfrentadas. Sus candidatos tienen poca experiencia de gobierno, y el nuevo Parlamento debe identificar rápidamente a un primer ministro y un gabinete. La cuestión inmediata, como señaló un análisis, es si el movimiento puede «convertir esa fuerza en un gobierno funcional».

Su programa propuesto es ambicioso: desmantelar las redes de corrupción, despolitizar el poder judicial, abrir los medios de comunicación y revisar los grandes contratos de infraestructura. La candidata de la Lista Estudiantil Ana Mirković calificó la tarea de «deuda histórica» con el pueblo y los niños de Serbia, no de una oportunidad para adquirir «poder y privilegios». Pero los analistas advierten que la toma de decisiones debe acelerarse después de meses de deliberaciones internas.

El bando derrotado ha ofrecido una interpretación diferente. Vučić aceptó la derrota mientras culpaba a los medios independientes, a los gobiernos europeos y a un supuesto «Estado profundo estadounidense», lo que sugiere que la maquinaria de su partido —y quizá su futuro político— permanece intacta. El resultado también deja a Washington y Europa observando atentamente: Serbia ha mantenido relaciones equilibradas con Rusia, China, la UE y Estados Unidos, y el nuevo gobierno heredará esa tensión geopolítica sin resolver.

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